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Todo proceso de cambio trae consigo una transición psicosocial, en donde no solamente este debe ser asumido, aceptado y transformado a nivel cognitivo, sino que también se involucra un proceso emocional de adaptación entre lo que se sabía, se tenía y se hacía, hacia lo nuevo que se debe saber, tener y hacer. Si bien es un hecho que se pudieran producir efectos negativos a nivel físico, emocional y laboral, por otra parte, cuando se trabajan las emociones, se puede transformar en un proceso de crecimiento personal, en donde se adquieren nuevas habilidades para enfrentar de forma exitosa los retos que se presentan cotidianamente. El origen de algunos comportamientos perturbadores se encuentran en aquellas situaciones que no hemos sabido enfrentar, que aumentan los niveles de intolerancia y actitudes antisociales, y que nos han llenado de miedo, rabia, culpa, depresión y como consecuencia, llevan a asumir actitudes que no son realmente nuestras, a no afrontar por temor a la reacción del otro, o por ser rechazado, por ser abandonado o herido con las palabras y actitudes de esas personas significativas en nuestras vidas. Necesitamos una sociedad sana, con personas capaces de convivir entre si, para que los más pequeños (niños y adolescentes) aprendan a enfrentarse a sus propias emociones, y por lo tanto, enseñarles a hallar confianza y seguridad en si mismos y el mundo, a pesar de todo. Cuando nos enfrentamos a nuestras propias emociones, aprendemos a convivir, a aceptarnos y a respetarnos. Cuando aprendemos a manejar adecuadamente las emociones, podemos generar los siguientes beneficios: - Mejorar la moral, la comunicación y las relaciones interpersonales. Cuando uno se siente mejor consigo mismo, voluntariamente contribuyen más al desarrollo y bienestar de su empresa, institución o familia.
- Atender los procesos emocionales genera un sentimiento grupal de responsabilidad. Adicionalmente, se disminuyen los errores, la ansiedad y el estrés negativo.
- Disminuir los conflictos entre interpersonales (trabajo, escuela, familia).
Deseamos contribuir al manejo de los temores, ansiedades y otras emociones que suelen afectar al recurso humano durante los momentos de cambios. A la vez, estimular a que surjan los sentimientos de cuidado, valoración y amor hacia la familia, el trabajo, la comunidad, y el mantenimiento de su auto respeto y dignidad humana. |